Historia breve 3: Cynanche Trachealis

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“ Me muero pero no tengo miedo de irme”

Con su gran tamaño de un metro noventa y con una vida llena de luchas y batallas, el General lucia todavía robusto y saludable a pesar de sus 68 años. Y en aquel momento se sentía bien, así que un mal tiempo con nieve y lluvia no seria suficiente para detenerlo en su determinación de salir aquel día 12 de Diciembre, a eso de las 10 de la mañana a realizar a caballo, actividades de rutina en su plantación. Regresaría a la casa satisfecho y en busca de calor y descanso pasadas las 3 de la tarde. Sus ropas estaban muy humedecidas pero no había tiempo para cambiárselas inmediatamente pues era la hora de comer y no había que dejar a Martha, su esposa, esperando. Su vida se caracterizaba entre otras cosas por su puntualidad escrupulosa y el siempre cenaba sin falta a la 4 en punto de la tarde. Ya habría tiempo mas tarde para cambiarse las ropas y leer las noticias de los periódicos.

La siguiente mañana sintió un poco de dolor de garganta pero a pesar de la nieve y el frio había que dar instrucciones sobre unos arboles que debía ser talados. Era hora de enfrentar nuevamente las temperaturas inclementes de menos de un grado centígrado. Peores situaciones había enfrentado el General en sus campañas militares. De regreso volvió a su rutina de leer las noticias junto a su esposa y secretario personal pero esta vez delegando parcialmente la lectura en alto a ellos dos porque tenia algo de ronquera.

Pero las cosas cambiaron rápidamente en la madrugada del 14 de Diciembre y el General supo que las enfermedad para su sorpresa se había convertido en algo muy grave y posiblemente mortal. La dificultad respiratoria era fuera de lo común y casi no podía hablar. Mas alarmada aun estuvo su esposa cuando lo vio esa madrugada. Por supuesto, había que llamar al Coronel Lear, su fiel secretario y a Albin Rawlins, su capataz. Este ultimo rápidamente le preparo una mezcla medicinal de melaza, vinagre y mantequilla pero el General no pudo tragarla y muy por el contrario se sintió sofocado y le causo una ataque fuerte de tos. Se envió inmediatamente a llamar Dr. James Craik medico personal del General, pero también a el Dr. Gustavus Richard Brown en Port Tobacco, Maryland y posteriormente al Dr. Elsiha Cullen Dick medico prominente de Alexandria, en Virginia. Así de seria se vislumbraba la enfermedad además, se trataba de un personaje muy importante. Mientras llegaban el mismo General pensó en una solución que tanto le había dado resultado con sus esclavos: sangría. Le ordeno a su capataz realizarla. Asustado pero obediente Rawlins lo dejo sangrar unos 300 a 400 cc.

A la llegada paulatina de los médicos era evidente que la situación era de suma gravedad. Se procedió a aplicar las mejores técnicas hasta entonces conocidas: colocar una preparación de escarabajo seco en la garganta para producir vesículas, solución de vinagre en agua caliente para hacer gárgaras, enema de calomel y alquitrán y, por supuesto, mas sangría. (en total unos 3.7 litros en un periodo de solo 10 horas ). También se le aplicaron cataplasmas a las piernas. Pero nada funciono. Los médicos discutieron la posibilidad de realizar una perforación de la tráquea para permitirle respirar, es decir una traqueotomía, pero era una técnica nueva y experimental. ¿Quien querría asumir la responsabilidad en caso de que no diera el resultado esperado?

El General se moría y lo sabia. Dio instrucciones precisas de arreglar sus cartas militares, sus cuentas, y sus otros papeles. Decidió entre sus dos testamentos ( su esposa destruiría el rechazado quemándolo en su presencia) , y agradeció a sus médicos por el esfuerzo . “Me estoy yendo” dijo, “Denme un entierro decente y no permitan que mi cuerpo sea puesto en la bóveda a menos de tres días después de mi muerte”

Permaneció con una gran compostura durante todo el proceso y mentalmente lucido. Su respiración agitada se fue enlenteciendo y parecía, en sus últimos , lucir en paz. El 14 de Diciembre de 1799, con apenas 10 horas de enfermedad, el General George Washington, uno de los padres fundadores y primer Presidente de los Estado Unidos moriría en su hogar de Mount Vernon en Virginia dos años después de retirarse de la vida publica.

Obviamente, la causa de muerte del General Washington ha sido debatida y mucho. Se ha sugerido tosferina, difteria, absceso peri-amigdalino, laringitis aguda y Angina de Ludwig’s como la enfermedad que lo afecto. Pero lo que mejor parece corresponder a esta descripción clínica es epiglotitis aguda bacteriana, posiblemente por haemophilus influenzae o alguna especie de estreptococo. Los médicos del General Washington tenían el diagnostico, cynanche, definición que incluye cualquier enfermedad de las amígdalas, garganta o tráquea, acompañada de inflamación, hinchazón y dificultad para respirar y tragar. En este caso cynanche tracheales. Fallaron, sin embargo, en el tratamiento, pero eso no era culpa de ellos sino de los tiempos. Fue tratado como se estipulaba, dada la falta de conocimiento medico que era propio para la época. Siendo el concepto de enfermedad basado en desequilibrio de los humores se buscaba equilibrarlos por medio del sangramientos, los enemas, produciendo el vomito, y causando vesículas y ampollas. Así fue hasta principios del siglo XX.

Autor:
Junius Brutus Stearns (1810–1885)
Titulo:  Washington on his Deathbed
Fecha: 1851
Oleo sobre lienzo
Localizado en: 
Dayton Art Institute

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Comments (2)

  • Libsen Reply

    Extraordinario relato Carlos!

    May 31, 2017 at 5:58 pm
    • Carlos Torres-Viera Reply

      Muchas gracias Libsen. Me alegra que te haya gustado. Un abrazo

      May 31, 2017 at 6:13 pm

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