Historia breve 5: Agresivo como un diablo de Tasmania

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A principios de Junio del 2017 Rachel Borch salió a trotar por un área boscosa cerca de su casa en Hatched Mountain Road, en el pueblo de Hope, en el estado de Maine. Con frecuencia había realizado el mismo recorrido de aproximadamente 1,5 millas de ida y otras mas de vuelta y todo parecía rutinario, cuando iniciando el regreso se topo con algo inesperado: un mapache intimidante la enfrento mostrando sus dientes agresivos y claramente dispuesta a no solo asustarla sino atacarla. “Imaginese al diablo de Tasmania” afirmaria luego Rachel. Dado lo boscoso del área Rachel supo que no podía evitarlo ni siquiera corriendo. El animal la ataco y Rachel se dio cuenta que la mejor manera de poder controlarlo era usando sus manos así que lo enfrento con ellas. El mapache clavo sus dientes en el pulgar izquierdo de Rachel sin intensiones de soltarse. Ella intento todo lo que pudo para zafarse pero sin éxito. Sabia que no tenia la capacidad o fuerza necesaria para estrangularlo. Desesperada, pero pensando rápidamente, se dio cuenta que había pozuelo de agua en el camino en la que se encontraba así que, como ultima esperanza, hundió la cabeza del animal en el agua y la mantuvo sumergida por lo que para ella resulto ser una eternidad de tiempo. Finalmente el animal dejo de pelear, arañarla y morderla y al morir Rachel logro finalmente liberar su mano de los colmillos del mapache. Habiendo logrado liberarse del animal corrió desesperadamente, probablemente mas rápido de lo que nunca había hecho y volteando con frecuencia hacia atrás para asegurarse que la bestia no la seguía, hasta llegar a su casa. De allí seria llevada a Pen Bay Medical Center en donde recibió los cuidados médicos necesarios. El Centro de Control de Animales de Hope confirmaría que ciertamente el mapache sufría de rabia.

La rabia ha sido siempre una de las infecciones mas temidas por la humanidad. Y con razón, ya que la infección causa la muerte de cerca del 100 % de las personas que la sufren. Afortunadamente existe tratamiento profiláctico que aplicado rápidamente después de una mordedura por una animal con rabia, es altamente efectivo y también existe una vacuna altamente muy eficaz.

El origen de la vacuna de la rabia se la debemos a Louis Pasteur. El celebre investigador francés se había interesado en el fenómeno que daría pie a la vacuna de la rabia de una manera si se quiere, y dependiendo de quien cuente la historia, fortuita. Pasteur y su grupo de investigadores (en especial Emile Duclaux) se encontraban investigando el cólera del pollo, enfermedad que causaba perdidas económicas significativas a los criadores franceses por allá en los años 70 del siglo XIX. Aparentemente, ciertos cultivos de la bacteria fueron dejados sin utilizar por cierto tiempo durante las vacaciones de verano. Al reiniciarse los experimentos se evidencio que la bacteria de estos cultivos no era capaz de generar la infección mortal en los pollos como lo hacían cepas frescas del mismo microorganismo. No solo eso, los experimento demostraron que al infectar pollos con la cepas envejecida y luego someterlas a las cepas frescas virulentas estas ultimas tampoco generaban enfermedad en el pollo. De alguna manera se había logrado obtener una cepa poco virulenta mediante cultivos repetidos que sin embargo era capaz de inducir inmunidad contra la enfermedad que esta bacterias causaban en los animales.

Pasteur posteriormente procedería a aplicar el mismo concepto en la preparación de la vacuna contra el ántrax y haría una famosa demostración publica para convencer a publico de la efectividad de la misma.

Mas arde el investigador francés volcaría su interés en desarrollar una vacuna que pudiera tener un impacto significativo en los humanos, no tanto por la cantidad de casos de dicha enfermedad (habían muchas con una incidencia mas alta) sino debido al horror que causaba, no solo a los que la padecían sino también en aquellos que eran sujeto de mordidas por animales potencialmente infectados (una gran proporción de ellos niños) y que sufrían una enorme agonía en espera de ver si la enfermedad, que puede tener un periodo de incubación larguísimo de hasta un año, se desarrollaba. Si Pasteur era exitoso en producir una vacuna para esta enfermedad seria no solo un gran logro personal que aseguraría fama, sino también un enorme impulso para que el publico, científico o no, aceptaran su concepto.

Pacientemente y a un alto riesgo de contraer la enfermedad si se cometía cualquier imprudencia o error, Pasteur y su equipo en un primer paso crearon una cepa altamente letal para los animales mediante inoculación sucesivas de virus en cerebros, inicialmente de perros y posteriormente en conejos. El segundo paso fue atenuar la cepa y ello fue logrado al añejar tejido de medula espinal de conejos infectados en frascos de vidrio.

Recordemos que aunque Pasteur había desarrollado la teoría de los gérmenes y las bacterias empezaban a ser cultivables y podían ser observadas con el microscopio óptico no se tenia conocimiento de los virus como hoy sabemos los entendemos. Solo se sabia de un agente infeccioso que era capaz de pasar filtros con poros tan pequeños que retenían bacterias. En 1892 Dmitry Ivanovsky utilizo uno de estos filtros para demostrar que la savia de una planta de tabaco enferma seguía siendo infecciosa para las plantas de tabaco sanas a pesar de haber sido filtrada. Martinus Beijerink considero que existía una substancia viva contagiosa, usando la expresión latina “contagium vivum fluidum” y reintrodujo el nombre de “virus” para designarla. Esta palabra del latín se había ya utilizado en el Siglo XIV para designar venenos y otros líquidos nocivos. La primera visualización de un virus, en ese caso el virus del mosaico del tabaco, ocurrió apenas en 1938, ocho años después del desarrollo del microscopio electrónico.

Experimentos cuidadoso no dejaron dudas a estos investigadores franceses de que habían sido eficaces finalmente en producir una cepa atenuada del del agente infeccioso que producía la rabia que al ser administrada a animales sanos no inducia enfermedad y mas aun los protegía de intentos de infección por cepas virulentas.

Obviamente faltaba la prueba final: los seres humanos.

Esta oportunidad se les presento súbitamente. El niño de nueve años Joseph Meister había sido mordido 14 veces en manos, brazos y piernas por un perro rabioso en la pequeña villa francesa de Alsatian. Su madre llevo el niño a Paris por recomendación de su medico. Pasteur no era medico, no era legal para el administrar vacunas en humanos, así que después de consultar con dos médicos franceses prominentes en la época, los doctores Alfred Vulpian y Jacques-Joseph Grancher y en su presencia, se procedió a administrar la primera dosis de la vacuna contra la rabia, preparada de tejido de medula espinal de conejos infectados con rabia y desecada en frascos de vidrios, el 6 de Julio de 1885 seguida de 12 dosis mas en los siguientes 10 días.

Joseph Meister sobrevivió. A la larga se convertiría en bedel del mismo Instituto Pasteur en el que había sido tratado de tan temible enfermedad. Moriría el 24 de Junio de 1940 a los 64 años de edad. Su muerte constituye una de esas leyendas urbana que asegura que se había suicidado para no proveer información del sitio de entierro de Louis Pasteur cuando el ejercito alemán, 10 días después de invadir Paris, tomo el centro de investigaciones e inquirió sobre el lugar de entierro del científico. En realidad si se suicido, usando el gas del horno de su casa, pero aparentemente atormentado al creer que al enviar a su esposa e hija fuera de la ciudad para protegerlas de la invasión alemana a Paris, las mismas habían fallecido en el camino como producto de los bombardeos alemanes. Tristemente ellas regresaron sanas a Paris el mismo día del suicidio de Meister.

El químico francés Louis Pasteur observa cómo su ayudante inocula a Joseph Meister, 
un nino que había sido mordido por un perro rabioso, 
de un grabado de Scientific American, diciembre de 1885. 
Imagen de Universal History Archive / Getty Images

El Instituto Pasteur mantiene documentos e imágenes históricas de la vida de Pastuer. 
Aquí vemos a Louis Pasteur con Joseph Meister, 
el primer humano que recibió la vacuna antirrábica de Pasteur.

  

Joseph Meister 
en el Instituto Pasteur


 

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